(Terracotta funerary plaque / ca. 520–510 B.C.)
Al ciprés se le atribuye naturaleza sagrada en muchas culturas por su particular forma alargada que parece dirigirse hacia el cielo y su color siempre verde que nunca cambia.

(Campo de trigo con cipreses – Van Gogh).
Este árbol aparece por primera vez en el sur de Europa, lo introducen en Chipre, de ahí se mueve hasta Creta y finalmente llega a Grecia donde queda vinculado al mundo subterráneo y a Hades.
No se sabe con exactitud cuándo empieza esta costumbre porque ni Homero ni ningún otro autor lo explica, pero era muy común el derribo de bosques enteros para llevar a término los rituales funerarios de personajes nobles o de héroes que habían muerto en combate como, por ejemplo, el caso de Patroclo con la tala de encinas y su carga en mulos. ¿Es bastante probable que esta tradición sea culpa de Homero? Sí. ¿Tenemos pruebas de ello? Ni una. ¿Dudas? Ninguna tampoco. Sin embargo, como género épico no se desarrolla hasta poetas como Ennio en sus Annales que cortan árboles para nada más y nada menos que once mil cadáveres y aparece en la lámina de oro de Hiponion que describe el Hades:
Cuando esté a punto de morir e ingresar en la bien construida morada de Hades, hay a la derecha una fuente y cerca de ella, enhiesto, un ciprés.
Sin embargo, es en la época romana cuando el ciprés se consagra definitivamente como elemento mortuorio y se asocia a dioses como Silvano, Plutón o Proserpina. Era costumbre poner una rama de ciprés en la puerta de las viviendas donde había fallecido recientemente una persona (la costumbre de velar al muerto en el salón de su propia casa sin conservar y mientras se pudría estuvo, en realidad, en auge durante muchísimo tiempo y hasta hace relativamente poco) y responde a una función higiénica/religiosa (ellos, economizando): disimulaban el olor del cadáver y representaba la muerte. Las piras funerarias también eran rodeadas de ramas de ciprés (la incineración, otra costumbre heredada que sí se sigue practicando hoy en día). Virgilio lo menciona en La Eneida, en los funerales de Polidoro, en las exequias de Miseno y de Dido. En todos estos episodios el ciprés se asocia con la tristeza y la pérdida. Otros como Lucano, Silio, Estacio y Valerio ahondan en esta tradición.
Ovidio proporciona en el Libro X de la Metamorfosis a un joven Ciripaso, hijo de Télefo, que vivía en Ceos y era amado por Apolo. Ciripaso sentía gran devoción por un ciervo domesticado que le acompañaba a menudo en el bosque y Apolo le regala una jabalina. ¿Por qué? Cualquiera sabe, pero las consecuencias fueron fatales: un día caminando por el bosque escucha algo en unos arbustos y lanza la jabalina con tan mala suerte que era el ciervo que tanto amaba. Este accidente le provoca un pesar tan grande que se dirige a Apolo y le suplica poder llorar para siempre la pérdida de su amigo de modo que el dios, que tanto le quería, cedió y lo convirtió en un árbol de ciprés. Desde este momento se asocia el árbol con el dolor y la pérdida de los seres queridos. ¿Ven? Los mitos más bonitos y trágicos son cosa de los griegos.

(Apolo y Cipariso – Claude Marie Dubufe).
De los griegos a los romanos y de los romanos a los cristianos porque todos son unos plagiadoresconservadores de las tradiciones (Yanira, deja de criticarlos. Jamás). Por este motivo podemos encontrar cipreses al lado de iglesias y cementerios.






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