El Cielo y la Tierra.

Hace mucho, muchísimo tiempo, más del que un ser humano común puede concebir, el Cielo y la Tierra no estaban separados y formaban una masa caótica… algo así como un huevo oscuro con embriones (empieza fuerte la mitología asiática, eh).
Con el tiempo, la parte más ligera y más pura se fue separando al golpito, que las prisas no son buenas, hasta empezar a extenderse y subir hasta formar el Cielo. Mientras, la parte más pesada también sufrió el mismo proceso, pero, en lugar de subir, bajó y formó la Tierra.
Pero eso no fue todo, pues en medio de estos dos reinos quedó el Altiplano del Cielo donde surgieron los dioses Ame no Minaka Nushi, Taka Mimusubi y Kami Musubi que no se mostraron.
Esta versión refuerza la creencia de que el universo parece existir sin que ningún agente externo lo cree y los primeros dioses aparecen de forma natural y por sí mismos.
La Tierra era aún demasiado joven para tener una forma totalmente sólida, los antiguos la describen como una gran balsa de aceite flotante de donde surgen otros dos dioses a los que tampoco les gustaba ser vistos. Siguieron naciendo por la acción recíproca del Cielo y la Tierra, por lo que unos contenían el principio masculino y otros el femenino (el yin y el yang), hasta que se formaron siete parejas de deidades.
La última pareja que surgió, protagonista de los próximos mitos relacionados con la creación, fueron Izanagi e Izanami, hermanos.
Japón.

Los demás dioses pidieron a los hermanos que solidificasen las tierras flotantes y les entregaron una lanza llena de joyas.
Ambos hermanos subieron el Puente Flotante (el arco iris, la Vía Láctea, una simple escalera o, simplemente eso, un puente) del Cielo y se preguntaron si debajo no había ningún tipo de país, pero empezaron a remover la masa flotante de la Tierra hasta que surgieron los océanos y, al sacar la lanza, de su punta resbaló un líquido que coaguló en una isla y recibió el nombre de Onogoro.
Los dos dioses descendieron a la isla para vivir y construyeron en el centro un pilar sagrado (símbolo de la fecundidad y de la sexualidad) clavando la lanza y decidieron que querían ser marido y mujer para poder producir más tierras.
Decidieron caminar alrededor del pilar en dirección contraria como ritual matrimonial. El dios echó a andar por la izquierda y la diosa por la derecha. Cuando se encontraron, ella fue la primera en hablar, pero a la deidad masculina le desagradó que Izanami se adelantara por lo que, alegando a su masculinidad (esto es literal) reclamó el derecho de hablar primero diciendo que las mujeres traían mala suerte, por lo que repitieron el proceso (acabamos de asistir a la creación del patriarcado asiático). Y, una vez que él habló primero, pasaron a la segunda fase: la copulación que no sabían llevar a cabo hasta que vieron a dos aves y decidieron imitarlas con sus partes «la que me sobra» y «la que me falta».
Izanami dio a luz un niño-sangüijela llamado Hirugo, un niño que según estudios nació deforme por no realizarse de forma correcta la procreación ya fuera por hablar primero la mujer (ay, de verdad…) o por incesto (más probable esta segunda, pero no vayamos a perder la oportunidad de culpar a las mujeres). Lo abandonaron en un cesto y lo abandonan a la deriva en el mar.
La primera isla en la placenta de la madre fue llamada isla de la espuma porque no les gustó; después nació la isla Yamato (ahora Hoshu); la isla de Iyo no Futana (Shikoku); después Tsukushi (Kiushu); seguida de las mellizas Oki y Sado; al final llegaron Iki y Tsu. El nacimiento de estas ocho islas le dio a Japón el sobrenombre de Oo ya shima guni, es decir, país de las ocho grandes islas.

Los dioses de la Tierra.
Izanagi sopló las brumas que cubrían todas las islas y las transformó en el Dios del Viento.
Cuando sintieron hambre crearon al Dios de los Alimentos.
Crearon al dios de los Mares, al dios de las Desembocaduras Fluviales y a sus hermanas: las diosas de los Ríos, de las Cataratas y de los Arroyos. Crearon al dios de las Espumas y a la diosa de las Burbujas.
También al dios de las Peñas y las Rocas, de los Árboles, el de las Montañas y la diosa de los Prados.
Después las diosas de la Lluvia y de la Nieve, los dioses del Trueno, del Hielo y del Granizo.
Sin embargo, al dar a luz al dios del Fuego, Izanami se quemó sus órganos genitales (hay quien piensa que se trata de una erupción volcánica). De los vómitos y heces de la diosa que estaba a punto de morir, nacieron el dios del Metal, la diosa del Agua y la diosa de la Tierra. En la coronilla de su cabeza encontraron la vida los gusanos de seda y la morera y en su ombligo los cinco tipos de cereales (cáñamo, maíz, arroz, mijo y leguminosas). Al final, la diosa muere por las heridas ocasionadas por el dios del Fuego.
Izanagi se lamenta de la muerte de su esposa y llora, llora tanto que crea al dios de las Lágrimas, pero desenvaina la espada que llevaba en su cintura y corta la cabeza de su hijo como venganza (ya estaba tardando en aparecer la primera). Descuartiza su cuerpo y las cinco partes se convierten en los dioses de los Montes. La sangre impregnada en la espada salpica las rocas, los árboles y la maleza, razón por la que se dice que todo elemento de la naturaleza contiene el elemento fuego de forma natural.
El mundo de Ulratumba.
Se encuentra Izanagi tan solo y desamparado que decide ir a buscar a su esposa pasdescanse al país de Yomi (denominación china, con la palabra japonesa yoru que significa noche o con el dios budista del infierno Yama) y no le cuesta demasiado encontrarla, pero resulta que llega tarde pues Izanami ya probó la comida de la tierra y no puede escapar.
Ella le pide que no le mire y se vuelve invisible, pero como los hombres no acostumbran a respetar los deseos de las mujeres… descubre que su esposa tiene la carne putrefacta y los gusanos bullen por todas partes donde habitan las ocho clases de dioses del Trueno: en su cabeza el dios del Gran Trueno; en sus pechos el dios del Relámpago; en su vientre el dios del Trueno de la noche; en sus genitales el dios del Rayo; en su mano izquierda el dios del Trueno Joven; en su mano derecha el dios del Trueno de la Tierra; en su pie izquierdo el dios del Trueno Retumbante y en su pie derecho el dios del Trueno Destructor. Izanagi se siente horrorizado ante la visión, pero Izanami lo descubre y por avergonzarla ordena a las ocho Furias que lo persigan para matarlo.
Para intentar esquivarlas el dios se quita la cinta negra del pelo y la transforma en un racimo de uvas silvestres que las Furias devoran; rompe una púa de su peineta y la tira transformándose en un tallo de raíz de bambú que también va a parar al estómago de las bestias. Izanagi se detiene para orinar al pie de un árbol y su orina se transforma en un gran río que las ocho Furias no pudieron cruzar.
Después de mandar incluso un ejército a por su esposo, pero ser salvado por los melocotones y de esta forma creado el dios de los Frutos, es la propia Izanami quien sale a su persecución, pero cuando Izanagi llega a la frontera del país de Yomi coloca una piedra que solo diez mil hombres podrían mover.
Izanagi decide entonces dirigirse a su hermana con las palabras propias del divorcio. Ella, despechada, amenaza con asesinar cada día a mil personas del mundo de los vivos, pero él deprecia su genocidio diciendo que hará que nazcan mil quintas personas para sustituirlas.

El nacimiento de la diosa del Sol.
Pero una vez en la tierra prometida, Izanagi se da cuenta que se trajo la mala suerte del País de Yomi, así que se dirige a la pradera de Awaki, en la desembocadura del río Tachibana, en Himuka, país de Tsukushi, donde se da un baño con agua limpia para purificarse.
Va hasta el curso medio del río pues tiene la corriente y abundancia justa para su comodidad. Allí tira el bastón y se quita el cinturón, el bolso, la túnica, los pantalones, la corona y las dos pulseras surgiendo de estas pertenencias nuevos dioses.
De las suciedades que caen durante su baño surgen también diversas deidades: al lavarse el ojo izquierdo nace la gran diosa Amaterasu (ilumina el Cielo) que gobernará el Altiplano del Cielo; al lavarse el ojo derecho nace el dios Tsuki Yomi (de las Tinieblas de la Luna) que gobernará la noche y al lavarse la nariz nace Susanoo (el impetuoso de la Tempestad) que gobernará la Tierra.

La creación de los animales, de los alimentos y de la seda.
Amaterasu ordena a Tsuki Yomi que vaya al País Central de Ashihara para servir a una diosa llamada Ukemochi.
Cuando llega, la diosa de los Alimentos gira el rostro y de su boca sale arroz cocido; gira el rostro al mar y de su boca salen animales de aletas delgadas y anchas; giró el rostro a las montañas y de su boca salieron animales de aspecto áspero y suave.
Todos estos alimentos fueron preparados en cien mesas para que comiera Tsuki Yomi, pero el dios se enfureció porque no le dio la gana consumir los alimentos vomitados por la diosa y sacando su espada la asesina.
Amaterasu entra en cólera cuando se entera y lo destierra para siempre a la noche, pues ella ya no deseaba verlo cara a cara y, de esta forma, los dos astros ya no se tocan.
Envía a Amekuma Hito (el de las nubes) a ver a Ukemochi, pero la diosa ya estaba muerta. Sin embargo, en su coronilla habían nacido un buey y un caballo; en lo alto de su frente, el mijo; en las cejas, gusanos de seda; dentro de los ojos, maíz; en el vientre, arroz y en sus genitales trigo, alubias grandes y pequeñas. El dios recolecta todos los alimentos y los lleva hasta Amaterasu que, muy contenta, decide que con eso se alimentarán los hombres de la tierra.
Además, introduce en su boca los gusanos de seda y consigue sacar de ellos hebras de seda dando por inaugurado el arte de la sericultura.






Deja un comentario