(Birth of Pandora – James Barry).
Para empezar fuerte podemos afirmar que Pandora no nace, sino que es creada por Hefesto a partir de arcilla húmeda y bajo mandato de Zeus, ¿por qué? Pues porque el Cronida estaba realmente furioso con los hombres mortales después del robo del fuego que sucedió no una, sino dos veces (ajemPROMETEOajem).
¿Qué nos dice esto? Pues nos dice, por supuesto, como en todas las p**** religiones, o casi todas, que Pandora fue la primera mujer mortal y que su creación es la personificación de un CASTIGO. AHÍ. BOOM! Supongo que, lo que más me sorprende, es la facilidad con la que sueltan estas cosas y se quedan tan frescos. Resumiendo, la cosa quedaría más o menos así:
Mujer = personificación del castigo = omvresTM. Zeus siempre en su línea, incluso la llama creación de un «hermoso mal», es decir, kalon kakon.

(Pandora Before Prometheus and Epimetheus, 1878 – Hermann Julius).
A Hesíodo le encanta hablar de las desgracias que traen las mujeres y el matrimonio a los hombres durante la Teogonía. Y Zeus se encarga de que los hombres se enfrenten a una vejez terrible si evitaban el matrimonio. Total que el fin, aun con diferentes medios, es el mismo: SUFRE, HUMANIDAD, SUFREEEEEEEEEEE. ¿Lo merecemos? Siempre, pero mejor si no es a través de una mujer.

(Pandora Crowned by the Seasons – William Etty).
Hay una versión, mi favorita, que cuenta cómo Atenea la viste y la adorna y le enseña a coser y a tejer. Afrodita le concede gracia y seducción. Las Gracias y Pleito la engalanan con joyas. Las Horas la coronan con flores de primavera y Hermes le enseña todas las formas de astucia y de engaño, también le concede el don de la palabra. «¿Por qué es tu favorita, Yanira?» Pues porque aunque Hefesto crea la carcasa, el recipiente, las diosas se encargan de que no esté vacío: sientan las bases de una personalidad arrolladora. Pandora se convierte en lo que hoy conocemos como una femme fatale.

(Eva Prima Pandora, 1550 – Jean Cousin el viejo).
Pues Zeus se la entrega a Epimeteo (el hermano inocentón de Prometeo) y así Pandora es introducida en la humanidad. Le da una hija, llamada Pirra, que es la primera mujer nacida de forma natural y que se casa con su primo Deucalión (el incesto a la orden del día, siempre).
Y llegamos al momento de la FAMOSA CAJA que, de existir, probablemente fuera más una vasija o algo similar. Hesíodo no profundiza en su origen, solo en el hecho de que Pandora la llevaba consigo en su caída al Mundo Medio y que, quizás, tal vez, fuera un regalo de los dioses.

(Pandora – Walter Crane).
Otras versiones cuentan que los dioses le entregan la caja, para que la guarde, con la advertencia de lo que contiene y que es por culpa de la curiosidad innata que posee por ser mujer que la abre. ¿Sabían los dioses que pasaría? Dejo la evidente respuesta en el aire.
Lógicamente la abre, señores, por supuesto que sí. ¿Y qué sale de la caja? Todos los males posibles habidos y por haber. Al parecer, hasta entonces, la humanidad no había conocido ni una sola enfermedad ni una mala cosecha ni nada de nada.
Pero, en el último momento, tiene un súper reflejo y coloca de nuevo la tapa en la jarra/cierra la caja. ¿Y qué se queda dentro? Eso que todo conocemos: Elpis, la Esperanza.

(Hope in the Prison of Despair – Evelyn de Morgan).
Hesíodo dice que la historia es un poco contradictoria porque, si llega a tiempo, ¿cómo puede la Humanidad sentir esperanza?
Yo voto porque se escapó un poquito.
Como mención en obras famosas tenemos, por ejemplo, la Ilíada donde se habla de que Zeus posee dos vasijas: la una tiene bendiciones y la otra maldiciones para dispensar a la humanidad según el peo que tenga atravesado ese día. Básicamente esto fue lo que pasó en Troya.
Esquilo escribe Prometeo encadenado y nos muestra la concepción de la creación de Pandora como castigo para torturar a Prometeo porque, por lo visto, atarlo a una roca y que un águila devore sus entrañas día sí y día también no era suficiente para Zeus.
Si hay algo que tienen en común todos los dioses, da igual la mitología a la que pertenezcan, es su carácter rencoroso y vengativo.

(Pandora, 1876 – John William Waterhouse).






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